A Liberty le parece completamente fascinante poder escribir a la orilla del río Mississipi. Nunca hubiera podido imaginarse aquí, en un lugar que tiempo atrás sirvió de hogar a familias tan ancestrales como los nativos americanos. Liberty piensa en todo lo que le ha estado ocurriendo, en el Caos tan grande que se vio inmersa sin tan siquiera percibirlo. Ella siempre ha trabajado como terapeuta pero lo hacía a nivel personal y presencial. Llegaron las redes sociales y aunque ella se inició tarde en ellas lo hizo para poder realizar terapia a distancia a quienes lo necesitaran. Sin embargo se encontró con un mundo caótico. Demasiado ruido artificial, decía ella. Y tanto ruido acabó por alejarla del mismo. No se puede permanecer en una red que te atrapa de tal manera que no te permite disfrutar de los momentos y de las personas que sí tienes cerca. Y a pesar de que a ella le gustaba realizar su terapia entendió, llegado el momento, que ya no podía continuar por ese camino.

Fueron varias causas y de diferentes circunstancias las que le llevaron a salir de la red, pero la principal fue cuando el tal Patrick pasó de ser alguien que se interesó por ella para hablar de filosofía a culparle de ciertos asuntos personales. Ella no le había entendido bien desde un principio. Él se ofreció como alguien que tan sólo quería hablar con ella de filosofía, un tema que a ella le encanta, y todo iba bastante bien hasta que Patrick empezó a exigirle algo que ella no podía ofrecerle. Era como firmar un cheque en blanco y eso era algo que ella no podía hacer. Sin embargo ella decidió no perder esa extraña relación. Era como si hubiera algo pendiente y siguieron escribiéndose hasta que él empezó a usar un tono nada agradable con ella. Liberty tenía muy claro que su libertad de decisión era algo sumamente importante en su vida. Ella no podía responsabilizarse de los actos ajenos, no de la manera en que Patrick se lo exigía. La culpaba de algo que formaba parte de él y aunque ella intentó entenderle para poder ayudarle la conversación siempre acababa en un sentimiento nada agradable para Liberty.

Así pues, y lamentándolo mucho, Liberty cerró toda conexión con el exterior, pues la estaba desconectado por completo de sus verdaderas necesidades. Era como si una tela de araña de energías diversas la hubieran atrapado haciéndole imposible el soltarse de la misma. Sabía que ella podía ayudar con su terapia pero no de la manera en que ciertas personas pensaban. Y quizás se estaba equivocando, se cuestionaba la joven Libe, quizás el cerrar aquella puerta no era la solución a escoger pero fue una decisión, una elección como Patrick le sugería. Y ahora, con el amanecer abrazándola y el reflejo de la orilla del famoso río Mississipi acariciándola, se disponía a escribir sus experiencias sin mirar el tiempo, sin esperar nada…

Llegada la hora del almuerzo Mirror se acercó a Liberty. Ésta se había quedado dormida con el nuevo relato entre sus manos. Y es que demasiados kilómetros y demasiados pensamientos agotan a la mente y el alma más activa existente. Mirror se sienta junto a Libe y con una suave hoja de una flor cercana la despierta dulcemente. “Libe, ¿quieres almorzar con nosotros o prefieres seguir descansando en tu habitación?” La joven, cuyo relato escrito ya no posa sobre su pecho y entre sus manos, sonríe a su amiga y le contesta que el hambre también requiere de respuesta. Así que las dos amigas disfrutan de un almuerzo excelente sin la compañía de Nit y de Cuba, quienes han decidido quedarse en el hotel donde horas antes consumaron sus deseos. “He tenido un extraño sueño”, comenta Liberty. “Ya sabes lo mucho que me gustan los sueños, querida Libe”, responde Mirror. “Era un sueño que creo que ya tuve antes pero esta vez el paisaje cambiaba. ¿Raro verdad?” “No tanto. Explícame un poco mejor el mismo” La joven Liberty explica a su gran confidente y amiga el extraño sueño y ésta le contesta: “Lo que me imaginaba. El sueño te indica que algo que te importaba antes ahora te sigue importando pero no tiene que ver con el paisaje sino contigo misma, con tu persona. Es algo tuyo, interno, no externo” Liberty se queda pensativa, a la vez que observa la infusión frente a ella. “Libe, es algo que tú debes cambiar o bien es algo que tú no quieres cambiar. Creo que sólo tú sabes.” 

Liberty es una excelente terapeuta pero Mirror es una excelente conocedora de los sueños. Trabaja de ello. Se adentra en las profundidades de las mentes de aquellas personas que sufren bloqueos y ciertas enfermedades psicoemocionales y las ayuda a encontrar la solución al problema. Es como una experta matemática resuelve incógnitas. Liberty es más bien de crearlas y analizarlas así como de compartirlas con otras personas y Mirror es más bien del final, del desenlace de las mismas. Tanto Nit, como Mirror, como Liberty trabajan conjuntamente en un gabinete de la mente y el alma pero lo hacen de manera independiente porque tienen diferentes clientes y diferentes casos. “¿Y qué crees que puede ocurrir si no logro cambiar ese algo?” “Esa parte es más bien de Nit. A ella deberás preguntarle lo que percibe, pero no creo que hoy esté por el tema. ¿Te apetece ir de compras por la ciudad y luego salir a cenar?” “Me encantaría”, responde Liberty.

Hoy noche no saldrán. Mañana tienen que ir a visitar a alguien que Cuba desea presentarles, así que Mirror y Liberty regresarán lo más antes posible a la colonial residencia. Las calles de Nueva Orleans son acogedoras y las dos amigas disfrutan de las mismas y de la gastronomía del lugar. A esto último se han unido Cuba y Nit. La velada se acompaña de músicos que tocan y tocan bajo la luna que ilumina la región del mítico Mississipi. Una vez en su habitación Liberty toma entre sus manos el nuevo relato que ha iniciado y lo repasa. Mientras lo hace piensa en el sueño que ha compartido con Mirror. Le encantaría poder incluirlo en su blog pero no desea tocar ordenador alguno. Incluso el móvil lo tiene casi inutilizado. Nada de tecnologías. Libertad de tiempo. Libertad de pensamiento. Libertad de sentimientos, los cuales prefiere mantener con ella. 

Suponiendo que la verdad sea una mujer, ¿no está justificada la sospecha de que todos los filósofos, en la medida en que han sido dogmáticos, han entendido poco de mujeres?

[Más allá del Bien y del Mal, Friedrich Nietzsche]