Joseph Campbell en diálogo con Bill Moyers











SE TRATA DE LA EXPERIENCIA DE ESTAR VIVOS

Lo que James Joyce llamaba “lo grave y constante” en el sufrimiento humano era para Joseph Campbell un tema central de la mitología clásica.

“La causa secreta de todo sufrimiento es la mortalidad misma, que es la condición primordial de la vida. No se la puede negar si se quiere afirmar la vida.”

¿Quién es Igjugarjuk? Era el chamán de los caribú -respondió Campbell- una tribu al norte de Canadá, quien decía a los visitantes europeos que la única verdadera sabiduría…

“… vive lejos de los hombres, en la gran soledad, y sólo puede obtenerse mediante el sufrimiento. Únicamente la privación y el sufrimiento abren la mente a todo lo que permanece oculto para los demás.”

George Lucas y Joseph Campbell se habían hecho amigos después de que el primero, reconociendo una deuda con el trabajo de Campbell, lo invitara a una proyección privada de la trilogía. Durante esta visita, Joseph se animó hablando de cómo Lucas había dado el más nuevo y enérgico impulso a la clásica historia del héroe:

– ¿A qué te refieres?

– A lo que ya Goethe dijo en el Fausto, y que Lucas ha plasmado en un lenguaje moderno, la advertencia de que la tecnología no nos salvará. Nuestras computadoras, nuestras herramientas, nuestras máquinas no son suficientes. Hemos de apoyarnos en nuestra intuición, en nuestro ser genuino.

– Pero ¿no es eso una afrenta a la razón? ¿Y acaso no estamos ya apartándonos vertiginosamente de la razón?

– El periplo del héroe no tiene ese objetivo. No se trata de negar la razón. Por el contrario, al sobreponerse a las pasiones oscuras, el héroe simboliza nuestra capacidad de controlar al salvaje irracional que todos llevamos dentro.

Para Campbell la finalidad del periplo del héroe no es el engrandecimiento de su persona. Para él era no identificarse con ninguna de las figuras de poder experimentadas; el objetivo último de la hazaña no debe ser la liberación ni la felicidad personales, sino la sabiduría y el poder para servir a los demás; una de las muchas diferencias entre el personaje famoso y el héroe es que uno vive solo para sí mientras el otro actúa para redimir a la sociedad.

La idea guía de su trabajo era hallar los elementos temáticos comunes en Liana mitos del mundo, que señalan una necesidad constante en la psique humana de centrarse en cuanto a sus principios profundos…

– ¿Te refieres a una búsqueda del sentido de la vida?

– No, no, no. Se trata de la experiencia de estar vivos.

La mitología es un mapa interior de la experiencia, dibujado por gente que lo ha recorrido. Para Campbell la mitología era el canto del universo, la música de las esferas, una música que bailamos aún cuando no podamos reconocer la melodía. Campbell imaginaba que todo ello había comenzado cuando nuestros primeros antepasados se contaban historias sobre los animales que mataban para comer y sobre el mundo sobrenatural al que los animales parecían ir cuando morían:

“Allá fuera, a los lejos, más allá de la llanura invisible de la existencia estaba el señor de los animales que tenía poder sobre la vida y la muerte de los seres humanos; si él dejaba de mandar más animales para que volvieran a ser sacrificados, los cazadores y sus familias morirían de hambre. Así fue como las primitivas sociedades supieron que la esencia de la vida está en que se vive matando y devorando; ése es el gran misterio sobre el que tratan los mitos.”

La caza se convirtió en un ritual de sacrificio y los cazadores a su vez realizaron actos de expiación para con los espíritus de los animales, con la esperanza de convencerlos de que volvieran a ser sacrificados otra vez. Los animales eran considerados enviados de ese otro mundo y Campbell aventuró un acuerdo mágico y maravilloso entre el cazador y la presa, como si ambos participaran de un ciclo místico e intemporal de muerte, entierro y resurrección. El arte (las pinturas sobre los muros de las cavernas) y la literatura oral dieron forma al impulso que hoy llamamos religión. Cuando estos primeros pueblos pasaron de la caza a la agricultura cambiaron las historias que contaban para interpretar los misterios de la vida. Ahora fue la semilla la que ocupó el lugar como símbolo mágico del ciclo sin fin. La planta moría, y era enterrada, y su semilla volvía a nacer. A Campbell le fascinaba el modo en que este símbolo era retomado por las grandes religiones del mundo como la revelación de la verdad eterna:

LA VIDA PROVIENE DE LA MUERTE

Era un hombre espiritual que encontró en la literatura de la fe los principios comunes al espíritu humano. Pero esos principios debían ser liberados de su forma tribal o las religiones del mundo seguirían siendo fuente de odio y violencia. Las imágenes de Dios son muchas, decía, y las llamaba las máscaras de la eternidad que a la vez cubren y revelan el Rostro de la Gloria. Quería saber qué significado tenían esas diferentes máscaras de Dios en las diferentes culturas y por qué en tradiciones divergentes pueden hallarse historias comparables, historias de creación… Le gustaba esa reflexión perspicaz de la escritura hindú:

“La verdad es una; los sabios le dan muchos nombres.”

Todos nuestros nombres e imágenes de Dios son máscaras, decía, que significan la realidad última que por definición trasciende la lengua y el arte. Un mito es también una máscara de Dios, una metáfora de lo que yace debajo del mundo visible. Por mucho que las tradiciones místicas difieran, decía, todas concuerdan en llevarnos a una más profunda conciencia del acto mismo de vivir. El pecado imperdonable, según Campbell, era el pecado de inadvertencia, de no estar alerta, no estar totalmente despierto.

Campbell creía que hay un punto de sabiduría más allá de los conflictos de ilusión y verdad, gracias al cual las vidas pueden volver a unirse.